El patio, el vestido y la mujer que lo vestía

Dormiste en el sueño de la tarde entre mis fuerzas
Cuan roble sutil que acariciando tu pelo te vi dormir
Dormiste con la memoria en las sienes
Con las chimeneas encendidas
Con la calle lagrimosa
Con la gente ruidosa que somnolienta pasaba
Y mientras descalzo yo, recordaba el patio, el vestido y la mujer que lo vestía
Las castañas que recogía con tal cuidado, con tal osadía
La veía cerca, tranquilamente sentado, la sentía mía
¿Que luz seria aquella que lascivia traslucía
Que llegaba vacilante a sedar mis retinas pendientes?
Recordé hasta la ultima esfera
Que allí proyectó fugazmente
Recordé cuanto pude de lo demás que veía
como lo que aquella mujer, entre sus manos tejía,
era una dulce hamaca de sueños que yo proyectaba
una suave caricia que siempre yo esperaba
tejía simplemente una vida conmigo
y su ombligo, hermoso centro de rotunda caída
para quien lo miraba era todo un argumento,
lujuria con una mezcla de mar y tormento
como olvidar todo aquello, si chapotee en amor por meses
pero volví a la chimenea encendida, a la calle lagrimosa y a la gente que no paraba de ensordecer todo
acá estabas tu, durmiendo tu sueño entre mis fuerzas sin saber de mis recuerdos
sin saber de ese amor cegado, pero digno de proceso.
Claudio Herrera
