La bestia
Desde que mi invierno duró hasta primaveraNo eh dejado de pensar en su embotada diablura
Como fue creciendo su fealdad que otrora
Sería la más bella y fascinante de mis locuras
En primera instancia la vi fresca,
Serena, amable y con perfume de violetas
Con especial e indudable sutileza
Y con seniles dolores de alguna ausencia
Sentí que debía abrasarla
Con mis brazos también dolientes
Queriendo quizás protegerla
Sin saber lo que llevaba entre sus dientes
Apenas rocé su mejilla
Y abrió en par su calor repugnante
Yo no advertí su instinto demente
Hasta después de pasadas las diez
Marcó mi frente con sus manos heladas
Asiéndome caer en la abismal grieta desde donde salió
La caída fue fatídica y tormentosa
Pero peor fue estrellarme en mi propio dolor
Organizó muy bien su banquete
Partiendo por el entremés que fue mi sexo
Luego devoro de un zarpazo mi mente
Mi carne y mis dedos que esa vez por dentro recorrieron su vientre
Rogué al cielo por mi alma
Que ya sacudida por el espanto
Sangraba a viseras el lamento
De su desdeñada eh irremediable palidez
Mas... no fue suficiente el empacho
Inherente y lúgubre de su maldad
Asfixió luego mi presente
Y en huesos y piel gélidos dejo mi sensibilidad
Claudio Herrera
