martes, octubre 25, 2005

La bestia

Desde que mi invierno duró hasta primavera
No eh dejado de pensar en su embotada diablura
Como fue creciendo su fealdad que otrora
Sería la más bella y fascinante de mis locuras

En primera instancia la vi fresca,
Serena, amable y con perfume de violetas
Con especial e indudable sutileza
Y con seniles dolores de alguna ausencia

Sentí que debía abrasarla
Con mis brazos también dolientes
Queriendo quizás protegerla
Sin saber lo que llevaba entre sus dientes

Apenas rocé su mejilla
Y abrió en par su calor repugnante
Yo no advertí su instinto demente
Hasta después de pasadas las diez

Marcó mi frente con sus manos heladas
Asiéndome caer en la abismal grieta desde donde salió
La caída fue fatídica y tormentosa
Pero peor fue estrellarme en mi propio dolor

Organizó muy bien su banquete
Partiendo por el entremés que fue mi sexo
Luego devoro de un zarpazo mi mente
Mi carne y mis dedos que esa vez por dentro recorrieron su vientre

Rogué al cielo por mi alma
Que ya sacudida por el espanto
Sangraba a viseras el lamento
De su desdeñada eh irremediable palidez

Mas... no fue suficiente el empacho
Inherente y lúgubre de su maldad
Asfixió luego mi presente
Y en huesos y piel gélidos dejo mi sensibilidad

Claudio Herrera